Cuando la voluntad hace camino

Fruto del empeño, el amor y la determinación de padres, desde hace veinte años Rosario alberga una institución símbolo del esfuerzo colectivo. Ubicada en Viamonte 744 la escuela Connar trabaja con niños autistas, con problemáticas de socialización, trastornos severos emocionales, comunicación y lenguaje.

La historia de lugares excepcionales se erige a partir de personas igualmente excepcionales. Este es el caso de un mínimo grupo de padres que por abril de 1989 plasmaron en la inauguración de la escuela Connar sueños, esfuerzos y esperanzas bregadas desde por lo menos cuatro años antes.  Así lo recuerdan sus actores, quienes señalan como primer viso de su empeño la conformación en 1985 de un grupo exiguo cuya preocupación se centraba en construir espacios específicos para la atención debida de niños autistas.

Los primeros pasos, como todo el camino hasta ahora recorrido, no fueron sencillos. Los cinco padres fundacionales, impulsados por la necesidad de ofrecer un lugar de adaptación e integración para los pequeños, carecían de recursos para afrontar el proyecto. Las gestiones para acceder al ámbito oficial no tenían respuestas y las necesidades diarias por no dejar pasar el tiempo  aumentaban, pero más allá de la soledad en la que se vieron sumergidos y las dificultades, no se amedrentaron; la escuela era un proyecto necesario y como tal debía concretarse.

Las mediaciones encontraron resolución en el área privada; el empeño regaba sus frutos. Con la voluntad como guía, desde la Secretaría de Desarrollo Social de la municipalidad, se establecieron los contactos que permitieron al reciente establecimiento empezar a funcionar en las instalaciones de Arpi, en Buenos Aires al 2100. De aquellos tiempos queda el recuerdo de unos quince alumnos, reunidos en torno a cuatro docentes y sus respectivas auxiliares.

En 1991 se recibe la incorporación al Servicio Provincial de Enseñanza Privada, con la aprobación de su proyecto, lo que significó un alivio y estimulo especial puesto que llegó en subsidio tan demandando y esperado. El recorrido encontró una nueva directriz, el proyecto fundacional, que rezaba difusión de la problemática y generar un cambio de mentalidad en la población para lograr la integración de los alumnos con trastornos profundos de desarrollo, tenía un próximo horizonte; expandirse y acceder a un espacio genuino, que no implicara mayores incomodidades.

El proyecto no se hizo esperar,  un año después fue posible alquilar un edificio en Montevideo 653, que permitió entre otras cosas adquirir una identidad propia.  Durante este período se gestaron  acciones que más tarde encontrarían respuesta gracias la Secretaria de Desarrollo Social de la Nación, cuyos aportes posibilitaron en 1999 la compra de un espacio propio en Viamonte 744, donde actualmente desarrolla sus actividades. 

Sin embargo, y más allá del apoyo nacional, al establecimiento le siguió costando desmedidos esfuerzos llegar a ser lo que hoy es. Las aulas y la adecuación de las instalaciones fueron construidas a partir de un crédito hipotecario, pues nada como lo marcaron sus orígenes, sería fácil en la construcción soñada.

Más allá de del ripioso trayecto, actualmente la institución educa a cincuenta y cinco niños en los niveles Inicial, Primario Formación Profesional Específica Laboral y Post- Primario, a lo que se suma el trabajo con otros 50 alumnos en proyectos de integración en escuelas normales.  Durante las mañanas la formación escolar se desarrolla en cada grupo mientras que por la tarde ganan el espacio los talleres, el servicio terapéutico y las instancias de  apoyo escolar.

El plantel docente, sustancialmente ampliado respecto al primigenio, cuenta con una Directora, Psicóloga, Fonoaudióloga del Gabinete Escolar; una Psicóloga, Fonoaudióloga y dos Maestras integradoras del Equipo Integrador; doce Maestras de Grado Diferencial y  un Profesor de Educación Física. A ellos se les adiciona el personal del Servicio Terapéutico de Apoyo escolar y familiar, conformado por una Coordinadora, dos Psicólogos, dos Fonoaudiólogos y dos Psicopedagogas.

Todo un equipo que en pos de trabajar, ya no solo con pequeños autistas sino también con niños con problemáticas de socialización, trastornos severos emocionales, comunicación y lenguaje, ejecutan sus tareas con indistinto amor sumidos en la seguridad de no saberse nunca más solos.



2010-02-22