Instruir niños en situaciones de riesgo social

Educar en contextos de marginalidad no sólo atañe al trabajo con sujetos en condición estructural de pobreza, también existen en las clases medias. Una problemática en la que el docente acciona contra la vulnerabilidad objetiva de los alumnos, teniendo como eje la diversidad y la diferencia.

Las diversas realidades presentes en las aulas determinan un cambio necesario en el enfoque del sistema educativo y de la pedagogía del día a día. Los tiempos corrientes demuestran la existencia de nuevos actores sociales, con problemáticas específicas, dentro de las cuales la marginalidad subjetiva impera. Para Julio Nogueira, diplomado en Derechos Humanos y Ciencias Sociales, “cuando se piensa en educar en contextos de marginalidad también se hace referencia  a chicos y chicas de clase media que se encuentran por fuera de algunos circuitos de contención y de desarrollo, y que no necesariamente están viviendo una situación estructural de pobreza extrema”. En suma, los maestros encuentran estos contextos diseminados en las instituciones sin distinción geográfica o escalafón social, “alumnos que están en situación de marginalidad y vulnerabilidad objetiva”. En respuesta, la condición indispensable para que el docente se encuentre bien parado ante estos escenarios complejos es “la adecuación permanente respecto de la didáctica, el currículum, a qué le está pasando a ese grupo de chicos en estos tiempos”.

El desafío para todos los docentes nace de los cambios que atravesó, y aún lo hace, la sociedad, producto de políticas que atentaron contra la constitución misma de un sistema educativo eficaz y atento al desarrollo de sujetos portadores de derechos. Esas transformaciones hoy están presentes en las aulas de forma cruda: “Hay algo que en la subjetividad, en el afecto, en la emocionalidad, está funcionando de forma distinta y no muy bien para los chicos, lo que genera muchos conflictos. Los maestros están acostumbrados a trabajar con supuestos chicos normales, con necesidades básicas satisfechas, con papá y mamá que están todo el día con ellos; pero América Latina está presentando un desafío totalmente distinto a los docentes, que es educar en contextos diferenciales”, comenta Nogueira. En este sentido, se plantea como hegemónico el hecho de trabajar desde la diversidad en cada uno de los contextos existentes y en los cuales el educador desempeña sus funciones específicas, entendiendo que si se elude esta visión de lo diverso, el recorrido pedagógico es errado. “Un dato interesante es que los chicos se aburren en las clases, entonces el docente debe preguntarse por qué se aburren e interrogarles cuáles son las demandas que tienen”, señala Nogueira. Lo concreto es que la marginalidad hoy está dada “por la capacidad que tengan los docentes de acoger las problemáticas de los chicos” y ser sensibles a sus problemas, como también a sus demandas.

- ¿Cuáles deben ser los puntos más fuertes en los cuáles debe estar capacitado el docente para educar niños en situación de riesgo social?
- El punto más fuerte es saber quién es uno y cuáles son mis compromisos como docente. La gran apuesta es reforzar la capacidad psíquica y profesional del educador, el cual es un profesional que trabaja con el aparato psíquico crudo de los chicos. Puede atarearse para una opresión o para una pedagogía de la liberación. Si trabaja para oprimir se van a obstaculizar las capacidades que tenga este chico, y si es para liberar se va a permitir que pueda crecer aprendiendo los conocimientos cognitivos necesarios. El docente tiene que saber quién es, y este es un proceso que lleva toda la formación docente, más procesos individuales. El acto de trabajo del docente es de transferencia de amor y energía, es imposible separarlo como si fuera una clase por Internet. Por lo tanto se necesita tomar contacto con lo que a uno más le duele de la sociedad y la realidad. Una vez establecido ese contacto, convertirlo en un contenido curricular y empezar a aprender a cómo superar esos conflictos que se van presentando en los distintos contextos.

- ¿Qué pasa cuando se produce un desgaste en el docente en contacto con estos escenarios marginales?
- Se deben tomar medidas preventivas, y ante la realidad del desgaste, tomar distancia. El sistema educativo debería tener algún circuito de prevención a la decadencia, y otro circuito puntual para el tratamiento de este problema. Se deja de ser docente porque se cansa o porque no se tienen más fuerzas para seguir peleando en el aula. El síndrome de Burnout, del autoquemado, esa sensación de que ya no se tienen más ganas, que nada se puede cambiar, se va instalando en la cotidianeidad. Para esto hay que tener herramientas técnicas y teóricas, y dentro de las escuelas, dispositivos. Esto es, grupos de desarrollo de contención de problemáticas, el docente no puede salir a trabajar al terreno crudo, tiene que estar preparado y saber decir de qué no puede hacerse cargo. El gran desafío es crear excelentes docentes a nivel de calidad académica, teórica y subjetiva, y tener dispositivos en la práctica prevengan estas cosas.

- Muchas veces se plantea que la escuela es un lugar de contención y el rol del docente se acerca al de un asistente social.
- La escuela es un lugar de contención pedagógica. El tema está en las habilidades que tenemos los docentes para transformar problemas sociales en pedagógicos. La contención no puede bajar el nivel de la calidad educativa. Si se plantea que la escuela no es un lugar de contención, no es un lugar social, es un lugar de privilegio de algunos pocos.

- ¿Cuál es el vínculo que debe tener el docente con otros actores de la educación, la institución y la familia?
- Los docentes solos son nada. Hay que rearmar las historias de las instituciones y la forma en que nos relacionamos. Empezar a trabajar el tema de la violencia simbólica dentro de las instituciones, esa violencia que no está dicha, ese maltrato que no está puesto. La relación con los chicos debe ser estrecha, profesionalmente vinculante, pero no de amontonamiento, de aprendizaje mutuo.

2010-03-08

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