“Todo problema de aprendizaje es un inconveniente de enseñanza”

Las diversidades lingüísticas, socioculturales, económicas e incluso étnicas que enmarcan la escuela actual invitan a pensar en un espacio que incluya a todos. María José Borsani, da claves y plantea interrogantes sobre una temática, que entiende, abre miradas constructivas.

 

El trabajo cotidiano en las aulas dejó hace tiempo, de importar la fotografía en blanco y negro donde los alumnos semejaban un perfecto cuadro de homogeneidad. Dicha postal, -posiblemente falaz aún en esos tiempos– está lejos de ser la que hoy reconocen los trabajadores escolares, quienes por el contrario, son cada vez más conscientes de la diversidad de matices que conforman una clase.

En este sentido y respecto de esta realidad, María José Borsani, especialista en educación especial, sostiene que es momento de enfrentarse a una premisa que considera insoslayable, pues a su entender, “todo problema de aprendizaje es un problema de enseñanza”.

En tanto esta cláusula, Borsani considera que las diferencias con las que los educadores se topan en el marco contemporáneo no pueden ser integradas por la propuesta escolar tradicional, puesto que según estima, esta metodología de acción pedagógica ya dio marcadas pruebas de ser insuficiente. De esta manera, puntualiza, es momento de comenzar a pensar en una escuela plural, un espacio que promueva “un curriculum ampliado que dé terreno para incluir a todos los alumnos”.

La tarea –aclara- “no es sencilla y debe evitarse caer en la idea del facilismo”. Sobre todo, porque a razón de Borsani, la labor de una apertura de este tipo compromete a distintos actores; no sólo a docentes sino también a todo lo que implica el proyecto educativo institucional. “Un establecimiento debe plantearse desde su PEI cómo trabajar para la integración. Si bien estoy convencida que el maestro es un agente esencial, no tiene menor valor lo que desde la gestión directiva se pueda hacer, dado que  desde dicha área es necesario que haya un andamiaje, un respaldo. Este apoyo, entendamos,  se traduce en ocuparse de la temática; buscar experiencias, relacionarse con escuelas que estén trabajando con esta modalidad, entre otras posibilidades”  y agrega la especialista: “por supuesto que esto genera resistencia e incluso temor, pero el hecho de emprender esta búsqueda sugiere que el espacio escolar se cuestione, se pregunte sobre problemas tan centrales como el del aprendizaje y el de la enseñanza, interrogantes que ya hablan de un posible cambio”.

Consultada sobre las formas concretas de implementar este paradigma en la cotidianeidad del aula, María José Borsani, ejemplifica de manera singular: “tomemos un caso en que hay que desarrollar los números decimales. En la pluralidad de la clase tendremos alumnos que necesitarán trabajar desde una modalidad muy concreta, un esquema conceptual concreto, y otros que posiblemente puedan realizar abstracciones. Pues bien, en dicho caso será necesario elaborar una estrategia que nos permita trabajar  por ejemplo con monedas con los primeros y problemas con los segundos, de tal forma que todo el colectivo áulico esté centrado en la temática pero cada uno pueda hacerlo desde su zona de desarrollo próximo, con sus posibilidades y dentro de sus esquemas conceptuales.”

En este sentido, y circunscripto al ejemplo anterior, Borsani plantea una pregunta desestabilizadora: “cuándo un alumno fracasa en el ámbito escolar y abandona la escuela ¿deserta realmente el estudiante? ¿Deserta acaso del aprendizaje, de la oferta que se le propone? ¿No será tal vez la escuela quien deserta de este alumno porque no puede considerar variables que lo contemplen?”.  Los interrogantes quedan abiertos retumbando en las paredes del modelo modernista.

2010-07-26

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